International Yoga Teachers Association

Al realizarlo adaptado se trabajan de manera específica los aspectos corporal, emocional y mental, incluso el lenguaje que se utiliza es algo distinto. Sin olvidar que lo que se practica es Yoga.

Tener un hijo es una experiencia única. Un milagro personal que lleva a la mujer al amor absoluto por su hijo. Veo que en este proceso se comparten dos sensaciones, la espiritualidad e intuición que pueden despertar en una mujer y el momento más animal e instintivo que pueda vivir en toda su vida.

Analizamos el término animal: El cuerpo durante siglos ha ido evolucionando en un medio natural, cumpliendo sus funciones como cualquier ser de los que habitamos la tierra. El embarazo desde su aspecto físico, es el momento en el que la mujer experimenta los cambios más importantes en todos los ámbitos corporales. Empiezo por nombrar los hormonales, que influyen en articulaciones y demás tejidos, los órganos se ven desplazados y comprimidos afectando a su funcionamiento. La respiración se limita por la compresión del abdomen sobre el diafragma. Se modifica la forma de la columna vertebral, la pelvis. Incluso aparecen cambios en la circulación sanguínea, la gestión de líquidos, el funcionamiento de glándulas... Todo ello orientado para albergar y sustentar al bebé. Además el cuerpo se encamina al parto, el momento cumbre de un proceso de 40 semanas. El parto es un acto físico intenso e instintivo. El cuerpo de la mujer lleva pariendo durante miles de años, está en su genética, en su sabiduría. Pasando de generación en generación.

Hoy en día el embarazo afortunadamente está muy vigilado y cuidado por parte de la sanidad. Pero en mi opinión, da la sensación de que se acaba viviendo por parte de la mujer como si fuese un proceso de enfermedad, comentario que algunas alumnas han llegado a decirme. Dejando olvidada o de lado, la capacidad innata de la mujer para dar a luz. Creo que hay que devolver a la mujer su poder femenino, la confianza en sí misma, y en su cuerpo.

El objetivo es que la mujer pueda vivir su experiencia de embarazo y parto dentro de un ambiente holístico, donde se tenga en cuenta el conjunto de sus necesidades.

La práctica de Yoga reúne todas las cualidades para que una mujer pueda cubrirlas.

Tomando conciencia corporal, de las sensaciones propias y las que provoca el bebé dentro del abdomen.

Experimentar la plenitud de la energía que se está desarrollando en el cuerpo, a pesar del cansancio y agotamiento que todas sienten. Generalmente después de la sesión de yoga la mujer se percibe a sí misma descansada, con más energía, alegre.

El observar los cambios y entenderlos ayuda a que se acepten mejor las molestias que se originan. Darse cuenta de lo importante que en este momento se es para el bebé, para el nuevo ser que trae a la tierra, recompensa todo el proceso aunque en ocasiones sea complicado. Sentirse comprendida.

La respiración es una gran aliada, en todo momento. Ayuda a interiorizar, a concentrarse, conocerse durante el embarazo. En los momentos de dolor, en las primeras fases de dilatación del parto tiene un pequeño efecto analgésico, se entrena el diafragma para que intervenga en los pujos.

Con los Vinyasa (movimientos dinámicos coordinados con la respiración) y los asana (posturas), se crean espacios, flexibilidad en la pelvis. Se alivia la columna vertebral, y se libera el diafragma. Aflojamos la presión durante algunos momentos que hay en los órganos. Se activa la circulación, drena articulaciones de contenciones de líquidos, prepara el suelo pélvico para el parto y posterior recuperación...

Es de gran ayuda enfocar la vibración de la voz, como si fuese un mantra, para favorecer la dilatación de los tejidos del suelo pélvico y la sensación de abrirse durante el parto.

Elevar la intuición, el momento en que la unión con el bebé es absoluta, se crea un ambiente interno de tranquilidad, amor, alegría, confianza. No sólo beneficia a la mujer, el bebé se ve totalmente envuelto por las sensaciones de su madre. Viviendo esas mismas sensaciones.

Hasta la semana 20 más o menos se desarrolla la formación. Desde ese momento en adelante, el bebé ya tiene la capacidad de sentir y percibir. De compartir con su madre sensibilidades y comunicación que quedan en la intimidad de ambos. La relación prenatal de la madre con su hijo, puede influir en la relación externa personal y en la social. Creando bases desde antes de nacer de aceptación, amor, comprensión y alegría.

En definitiva el embarazo junto a la práctica de Yoga, es un momento para  soñar con el hijo que se va a tener, concentrarse en si misma, en la respiración, parir en movimiento y libre. Cuidarse externamente sentirse bella, plena, internamente con pensamientos positivos, de luz. Son elementos a tener en cuenta en el trabajo yóguico con una mujer embarazada, que van a hacer del camino, UNA EXPERIENCIA ÚNICA.

 

Febrero de 2016

 

Pilar Tejero

Profesora de Pranayama

Formadora de Instructores en Yoga

I.Y.T.A. España

 

 

 

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YOGA Y EMBARAZO, por Pilar Tejero

 

Podemos pensar: ¿por qué realizar un yoga adaptado para la mujer embarazada? Sólo porque el momento es distinto y las necesidades son distintas.

Una mujer gestante puede estar integrada dentro de una sesión de yoga perfectamente, la única condición es adaptar ciertos asana y prácticas a su estado. Evitando comprimir el abdomen, utilizando y modificando algunas técnicas respiratorias, enfocándolo todo de manera que la mujer pueda beneficiarse de la práctica.