International Yoga Teachers Association

Probablemente, uno de los aspectos más importantes de una práctica feliz se encuentre en la capacidad que tengamos de saber enfocar nuestra atención/concentración –sin intención- hacia donde nos resulte más útil y efectivo. Dirigir nuestra atención a lo largo de la sesión será fundamental para poder alcanzar ese punto de unión entre mente y cuerpo, llegar a la deseada concentración, y hasta poder hacer que nuestra sesión de yoga se convierta, ya desde el comienzo, en una meditación.

 

Para lograr esta valiosa concentración, uno de nuestros mejores aliados será la respiración. Orientarla conscientemente servirá de hilo conductor para unir las diferentes prácticas que realicemos durante la sesión, cohesionándola. No tan sólo para nuestra propia práctica, también cuando la dirijamos como instructores a un grupo de alumnos.

 

Una sesión habitualmente comienza con una toma de conciencia, en la que observamos nuestra respiración. Para a continuación dirigirla de forma consciente y establecer la manera en la que deberíamos respirar durante el resto de la sesión. Pero la atención que en los desbloqueos y estiramientos le damos al resto de los aspectos físicos, hace que nuestra respiración pierda un poco de protagonismo a menos que hagamos una puntual práctica respiratoria. Y, posteriormente, durante los asanas, se va diluyendo todavía más en los numerosos pasos y sutilezas que hacen que las posturas sean lo más correctas posibles.

 

Finalmente, la práctica de pranayama y la relajación/meditación con la que acabamos nuestras sesiones devuelve, de nuevo, el protagonismo a nuestra respiración.

 

Me gustaría reivindicar la respiración a lo largo de toda la sesión, pero sobre todo en la la parte en la que corremos el peligro de dejarla más relegada: durante los asanas.

 

La respiración debiera convertirse en los ojos de nuestra mirada interior, esa que recorre nuestro cuerpo conduciendo la atención que prestamos a cada uno de nuestros movimientos. La que coloca, equilibra y asienta cada una de las posturas. La que guía el prana a todas las partes de nuestro cuerpo. La que recorre los cakras sobre los que deseamos incidir. La que nos muestra los sutiles avances en los asanas durante el tiempo que permanecemos en cada una de las posturas. Y la que nos ayuda a recoger los beneficios que cada asana nos ha proporcionado.

 

Tenemos que transmitir el uso de la respiración más allá del hecho de respirar, de proporcionarnos oxígeno, debe ser mucho más que eso. Ha de ayudarnos a llevar nuestra práctica a un plano de consciencia que nos permita disfrutar de toda la sesión de una manera intensa y sentida.

 

Ante alumnos con experiencia, no está de más recordar la intención que le queremos dar a la respiración durante cada momento de la sesión, y estar atentos con los alumnos principiantes a los que debemos recordárselo con mayor intensidad, para establecer en ellos  un hábito.

 

Con la mirada atenta a nuestra respiración, nos permitirá abrirnos a nuestro mundo interior y trascender los aspectos más físicos hacia los más sutiles de nuestra práctica y la de nuestros alumnos.

 

Julio de 2016

 

Manuel Padilla

Profesor de Asana

Formador de Instructores en Yoga

I.Y.T.A. España

C/ Rocafort, 242 bis, 1ª planta D-14 - Ed. Ciemen - 08029 Barcelona  - Teléfono: +34 932 370 208

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CÓMO MIRA NUESTRA RESPIRACIÓN, por Manuel Padilla

 

En nuestra vida diaria nuestros sentidos físicos nos ponen en contacto con nuestro entorno y nos permiten establecer comunicación e interactuar con todo lo que nos rodea. Gracias a ellos, en nuestra práctica de yoga, podemos sentir lo que estamos haciendo, estar en contacto con lo que sucede a nuestro alrededor, estar alerta. Nuestra mente no cesa de procesar toda esta información y de re-direccionarla constantemente en forma de sensaciones, experiencias y recuerdos dando lugar a innumerables pensamientos... Al dirigir nuestros sentidos de manera consciente podemos hacer que nuestra práctica sea algo más que una experiencia física, que un simple ejercicio físico en el que ejercitamos nuestra elasticidad.