International Yoga Teachers Association

Sin embargo, después de respirar con consciencia un par de veces, siento que puede ser una gran ocasión. Una forma a través de la cual agradecer, dar gracias. En cada célula siento cada vez más, que es un acto vital y revitalizador.

Sólo puedo hablar de mi experiencia, que es lo que conozco en cierta profundidad. Y la más próxima es la de formar parte del equipo de Meditación en la formación de profesores en la IYTA.

 

Cuando Daphne Gelabert, a la que todas las promociones que hemos pasado por el CFPY conocemos, me invitó a colaborar con ella en la asignatura de Meditación, sentí un intenso ataque de pánico escénico. Si la propuesta hubiese sido asana, por ejemplo... sólo hubiera tenido que sortear mi natural timidez para impartir las clases. Pero Meditación: ¡la asignatura! con mayúscula. La práctica que nos lleva a contactar con lo más sutil, intangible y, paradójicamente, real en cada uno; que nos recoge en lo más íntimo. ¿Cómo explicar lo inexplicable, lo innombrable? Y, todavía más, cómo hacer comprender con palabras lo que no puede ser expresado con ellas, porque no hay palabras que lo abarquen o lo describan.

 

Algo debí intuir acerca del proceso personal en el que con esto me zambulliría y, con el pánico del brazo, salté a la piscina. “¡Qué valiente!” -recuerdo el comentario que alguna antigua profesora de la asociación me hizo. ¡Menudos ánimos!

 

Ahora, en perspectiva, veo que el trabajo previo de Daphne -30 años de enorme dedicación-, los documentos y archivos de décadas, su revisión exhaustiva de cada uno de mis “movimientos”, pero también el amplio margen de acción que paulatinamente me ha concedido, han supuesto un profundo trabajo personal: pulir el ego y practicar tapas hasta extremos, incluso para mí de tendencia espartana, insospechados.

 

La innata curiosidad me ha llevado durante estos 4 años a investigar por mi cuenta más allá de todo el material que la incansable Daphne ya me ofrecía. Por esto de poder explicar algo tan sutil y escurridizo con cierta confianza y aplomo. He aprendido a utilizar la metáfora como aproximación a eso que es suave aroma. A poner en orden ¿conceptos? Pero también a ir más allá de lo intelectual, de la mente; y, en el viaje de regreso, a filtrarlo a través de ellos para intentar hacerlo comprensible a otros.

 

Gracias al grupo de alumnos, su inquietud por aprender, sus reflexiones, su maravilloso afán por ponerlo todo en tela de juicio, también he aprendido a disfrutar de ver “mis esquemas” cuestionados tambalearse en una etapa de mi vida en que es una de las cosas que más me place. Tengo la sensación de que el ego se va sustentando en esos esquemas, en las creencias, e ir despojándose, dejándose despojar de ellos, es ponerlo en su humilde lugar. Esto, además, me ha conducido a revisar y profundizar cuestiones que daba por hechas o que no había abordado con anterioridad.

 

Colaborar en la formación de Meditación ha sido poner en práctica el Kriya-Yoga del que habla Patañjali en los Yoga-sutra:

Tapas: junto a Daphne, como tándem, no sólo hemos sumado auto-disciplina, sino que increíblemente y saltándonos cualquier norma matemática, ¡la hemos multiplicado!

 

Svadhyaya, el auto-conocimiento: cuanto más he practicado y contrastado las experiencias con los textos, más rincones y recovecos -no siempre luminosos- me he reconocido. Vislumbrar el temor -razonable, pero temor al fin- el primer día de clase al ponerme delante de un grupo consciente de la responsabilidad que conlleva acompañar en este proceso de profundos cambios favorables a la persona, pero que también genera miedos, conflictos y resistencias internas. No fue fácil. Aunque utilizando las herramientas que almacenaba en mi caja de Yoga, ha llegado a ser absolutamente apasionante.

 

Isvara-pranidhana, la entrega: horas y horas dedicadas con un placer inmenso ya que, muchísimo más allá del esfuerzo, la recompensa ha sido el contacto cada vez más continuado con el espacio del corazón y, desde allí, con lo que subyace a todo.

En mayor o menor medida, ha sido una puesta en práctica de todos los yama y niyama, base y raíz del Yoga.

 

Si hubiera de destacar algo de lo descubierto en estos intensos años, sería el placer de abrazar la incerteza. Abrazar el no-saber o, más precisamente, abrazar el hecho de que la mayoría de certezas son tan impermanentes como el ego.

La confianza, el aplomo y también la alegría que la aceptación de la incerteza me ha regalado, diría que ha sido uno de los grandes tesoros que me llevo como resultado del esfuerzo y la colaboración de estos años.

 

Gracias a la infatigable Daphne por su confianza y apoyo; a todos y cada uno de los alumnos por, también, todos y cada uno de sus espléndidos trabajos, preguntas, reflexiones, cuestionamientos y confidencias; al Comité Pedagógico por el recorrido juntos; a la Junta Directiva por ofrecerme la posibilidad de compartir esta experiencia y, en definitiva, gracias a la IYTA y a toda la sucesión de profesores-alumnos que durante más de 40 años han hecho esto posible.

 

Con el deseo de que este gran aprendizaje que supone el camino del Yoga se extienda suave pero profundamente.

 

Hari Om Tat Sat

 

Ana Sesma

Formadora de Profesores de Yoga,  diplomada por IYTA España

Julio 2017

C/ Rocafort, 242 bis, 1ª planta D-14 - Ed. Ciemen - 08029 Barcelona  - Teléfono: +34 932 370 208

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ABRAZAR LA INCERTEZA, por Ana Sesma

 

En lo profesional, me dedico a algo que podríamos describir como la anti-meditación institucionalizada: concentración en tres, cuatro, cinco cosas diferentes simultáneamente.

Es en éstas cuando recibo la llamada en la que Olga Barroso me propone la publicación en el newsletter. “Uff, ahora que estamos en temporada alta y muy intensa en lo laboral,... imposible.  De dónde sacar un momento de reflexión calmada, no tengo tiempo, ni energía, a qué restárselo, bla, bla, bla...”. Hay que ver lo boicoteador que puede ser este mono mental irreflexivo y verborréico. Y qué divertido es poder observarlo con cierta distancia, darse cuenta de él y del darse cuenta.